El Lobo y el Perro Dormido
En un tranquilo atardecer en las afueras de un pueblo, un perro yacía dormido en el umbral de una casa. Su tranquilidad fue interrumpida por un lobo hambriento que, al ver al perro desprevenido, se dispuso a atacarlo. Justo cuando el lobo estaba a punto de abalanzarse, el perro, despierto y consciente del peligro inminente, le rogó que esperara antes de sacrificarlo.
«Observa mi estado actual, estoy flaco y apenas tengo carne», argumentó el perro con astucia. «Mis amos pronto celebrarán una gran fiesta de bodas, y habrá abundante comida. Me engordaré con los festines y entonces seré un bocado mucho más suculento para ti.»
El lobo, persuadido por las palabras del perro y la promesa de un festín más sustancioso, decidió posponer su ataque y se alejó. Pasado un tiempo, regresó para reclamar su recompensa. Sin embargo, esta vez encontró al perro durmiendo en un lugar elevado y seguro de la casa, fuera de su alcance. El lobo le recordó su acuerdo previo, pero el perro respondió con una sonrisa socarrona: «¡Ah, lobo! Si me encuentras dormido de nuevo en el portal, no esperes a las bodas. ¡Habrás perdido tu oportunidad!»
La fábula del lobo y el perro dormido se convirtió en una lección sobre la importancia de aprender de las experiencias pasadas. Enseñaba que, si una acción te ha puesto en peligro una vez y lograste escapar, debes recordar y evitar repetir esa acción, para no caer nuevamente en la misma trampa.



