El Gato y las Ratas
En una vieja casa habitada por una numerosa colonia de ratas, un astuto gato encontró el lugar perfecto para su caza. Día tras día, el gato cazaba y devoraba a las ratas, una tras otra, con destreza y sigilo.
Las ratas, aterrorizadas por la eficacia del depredador, decidieron esconderse en sus agujeros, negándole al gato más oportunidades de caza. El gato, frustrado por no poder atrapar más presas, ideó un plan astuto para engañarlas.
Subió a una viga en lo alto de la habitación y colgándose de ella, se hizo el muerto. Su plan era sencillo: esperar a que las ratas, creyendo que el peligro había pasado, salieran de sus escondites.
Sin embargo, una rata astuta y precavida asomó la cabeza y observó al gato colgando inmóvil. Con un tono burlón, le dijo: «¡Oye amiguito, aunque fueras un saco de harina, no me acercaría a ti!»
La fábula «El Gato y las Ratas» nos enseña que los malvados, cuando no pueden dañar directamente, a menudo recurren a trucos y engaños para lograr sus fines. Nos advierte estar siempre alerta y desconfiar de situaciones que parecen demasiado buenas para ser verdad, especialmente cuando provienen de fuentes poco confiables.



