El abeto y el espino

El Abeto y el Espino: Una Lección de Humildad

En un frondoso bosque, donde los árboles crecían altos y los arbustos se extendían en su sotobosque, vivían un abeto orgulloso y un humilde espino. El abeto, con su esbelto tronco y sus ramas que se elevaban hacia el cielo, se vanagloriaba ante el espino: «Mira mi altura majestuosa y mi elegante figura. Soy elegido para adornar las naves y los techos de templos sagrados. ¿Cómo puedes, tú, un simple arbusto espinoso, siquiera soñar con compararte a mi grandeza?»

El espino, que crecía en silencio y resistía las tormentas y los vientos, respondió con calma: «Es cierto, amigo abeto, que adornas las construcciones más nobles, pero ¿has pensado en las hachas y sierras que te cortan y moldean? Yo, aunque modesto, vivo libre y sin temor a ser derribado. Mi fortaleza radica en mi sencillez y en mi capacidad de resistir, no en la altura a la que llego.»