El Bandido y la Morera

El Bandido, la Morera y la Justicia Inesperada

En una región donde los caminos eran tan serpenteantes como las historias de sus viajeros, vivía un bandido temido por su crueldad. Un día, tras cometer un atroz asesinato en una solitaria senda, se vio perseguido por justicieros que buscaban hacerle pagar por su crimen.

Con las manos aún manchadas de sangre, el bandido corrió desesperadamente, buscando refugio en el espeso bosque. Al encontrarse con unos viajeros que se dirigían hacia él, y al ser cuestionado por sus manos ensangrentadas, mintió descaradamente: «Acabo de bajar de una morera, y es el jugo de sus frutos lo que mancha mis manos.»

Pero la justicia, implacable y astuta, no tardó en alcanzarlo. Los perseguidores del bandido, guiados por su mentira, lo encontraron y, sin perder tiempo, lo llevaron a la morera mencionada. Allí, decidieron colgar al bandido de sus ramas como castigo por su delito.

Mientras el bandido se balanceaba en el aire, la morera habló con una voz que parecía surgir de las profundidades de la tierra: «No me pesa servir de instrumento para tu castigo. Has intentado desviar la culpa de tu crimen hacia mí, pero la verdad siempre halla su camino.»

La moraleja nos enseña sobre la inevitabilidad de la justicia y cómo los intentos de evadir la responsabilidad por nuestras acciones a menudo nos conducen a enfrentar las consecuencias de manera más directa.