El Cuervo y Hermes
En un bosque antiguo, un cuervo desafortunado cayó en un cepo. Desesperado por su libertad, el cuervo imploró a Apolo, prometiéndole quemar incienso en su honor si lo salvaba. Milagrosamente, el cuervo se liberó, pero una vez fuera de peligro, olvidó su promesa y no cumplió con su ofrenda a Apolo.
Algún tiempo después, el cuervo, sin aprender de su experiencia anterior, cayó en otro cepo. Esta vez, desconfiando de Apolo debido a su propia deslealtad, decidió implorar a Hermes. Con voz suplicante, le prometió a Hermes un sacrificio si lo ayudaba a escapar.
Sin embargo, Hermes, conocedor de los engaños y la naturaleza cambiante de los mortales y las criaturas, respondió con sabiduría y reprobación: «¿Cómo puedo creerte ahora, miserable cuervo, si ya has engañado y faltado a tu palabra con tu primer señor, Apolo?»
El cuervo, enfrentado con la verdad de su deshonestidad, se dio cuenta de que su falta de integridad le había costado la confianza de los dioses.
La fábula del cuervo y Hermes se convierte en una lección sobre la importancia de mantener nuestras promesas y ser fieles a nuestra palabra. Nos enseña que si fallamos voluntariamente en nuestro primer compromiso, perdemos la oportunidad de ser creídos en el futuro, y nos enfrentamos a las consecuencias de nuestra propia deslealtad.



