El León y el Asno Presuntuoso
Una vez más, el león y el asno ingenuo decidieron unir fuerzas para salir de caza. Esta vez, su aventura los llevó a una cueva escondida en la ladera de una colina, donde se refugiaban unas astutas cabras montesas. El león, estratega y calculador, se posicionó en la entrada de la cueva, mientras que el asno, lleno de un vigor y un valor mal enfocados, se adentró en la cueva.
Con coces y rebuznos estridentes, el asno arremetió contra las cabras, creando un caos que las obligó a huir hacia la salida, donde el león las esperaba. Después de haber atrapado a las cabras, el asno salió de la cueva, rebosante de un orgullo desmedido. Se acercó al león y le preguntó, esperando una alabanza: «¿No te pareció magnífica mi actuación? ¡Luché con tanta bravura para expulsar a las cabras!»
El león, que había observado todo el espectáculo, respondió con un tono sarcástico: «Oh sí, fue una actuación soberbia. De hecho, hasta yo mismo me hubiera asustado si no supiera quién eras.» Su respuesta, aunque aparentemente elogiosa, estaba teñida de ironía.
El asno, ajeno al tono burlón del león, se alejó satisfecho, sin darse cuenta de que su autoalabanza solo había servido para hacerlo objeto de burla. Esta historia sirvió como recordatorio a todos los animales de la selva: la autocomplacencia y la vanidad a menudo son vistas como ridículas, especialmente por aquellos que realmente conocen tus capacidades.



