El Lobo, la Nana y el Niño
En un día de hambre y desesperación, un lobo errante se acercó a una humilde choza en busca de algo que comer. Mientras merodeaba alrededor, sus oídos captaron los sonidos de un niño llorando y la voz tranquilizadora de su nana. La nana, intentando calmar al niño, le decía en tono suave: «No llores, mi niño, porque si no, te llevaré donde el lobo.»
El lobo, al oír estas palabras, pensó que su suerte había cambiado. Se quedó cerca de la choza, esperando pacientemente que la nana cumpliera su amenaza y le trajera al niño. Sin embargo, a medida que la noche caía, la nana comenzó a arrullar al niño con una canción diferente, cantándole: «Si viene el lobo, lo mataremos.»
El lobo, confundido y desilusionado al escuchar el cambio en el tono de la nana, comprendió que sus esperanzas eran en vano. Desalentado, se alejó de la choza reflexionando sobre la lección aprendida: «En esta casa primero dicen una cosa, y luego quieren hacer otra muy diferente.»
La fábula del lobo, la nana y el niño se convirtió en una reflexión sobre la importancia de la coherencia entre palabras y acciones. A menudo, las palabras pueden ser engañosas o usadas como herramientas de tranquilidad, pero son los actos de amor verdadero y protección los que verdaderamente importan.



