El Lobo y el Cordero en el Arroyo
En un día claro y fresco, un lobo acechaba cerca de un arroyo cristalino, buscando una oportunidad para satisfacer su hambre. Allí, se encontró con un inocente cordero que bebía tranquilamente aguas abajo. Viendo una fácil presa, el lobo, astuto y malicioso, ideó un pretexto para justificar su acción cruel.
Aunque el lobo estaba situado más arriba en el curso del arroyo, acusó al cordero de enturbiar el agua y así impedirle beber. El cordero, sorprendido y confundido por la acusación, respondió con lógica y sinceridad: «Pero, señor lobo, sólo bebo con la punta de mis labios, y estoy más abajo que tú. No hay manera de que pueda enturbiar el agua que fluye hacia ti.»
El lobo, enfrentado a la irrefutable verdad, cambió rápidamente de táctica y acusó al cordero de insultar a sus padres el año anterior. El cordero, aún más desconcertado, replicó: «¡Pero si en ese entonces ni siquiera había nacido!»
El lobo, viendo que sus falsas acusaciones eran inútiles, finalmente se mostró tal como era: un depredador sin escrúpulos. «Te justificas muy bien, pero eso no te salvará. Serás mi cena de todas formas», sentenció el lobo.
La historia del lobo y el cordero se convirtió en un recordatorio sombrío pero esencial: contra aquellos cuya intención es hacer el mal, los argumentos razonables y la verdad a menudo son inútiles. Es vital mantenerse alejado de los malvados y de aquellos que buscan daño sin razón.



