El Murciélago y el Jilguero
En el tranquilo crepúsculo de un pueblo, un jilguero, aprisionado en una jaula dorada colgada cerca de una ventana abierta, cantaba melodías melancólicas bajo la luz de la luna. Su canto nocturno, dulce y melódico, atrajo la atención de un murciélago que revoloteaba en busca de refugio.
El murciélago, intrigado por la música nocturna del jilguero, se posó cerca y le preguntó: «¿Por qué eliges cantar solo en la quietud de la noche, mientras que durante el día permaneces en silencio?»
El jilguero, con un suspiro, le contó su historia: «Antes cantaba a plena luz del día, y mi canto era mi orgullo. Pero fue entonces cuando los humanos, cautivados por mi voz, me capturaron. Desde ese día, aprendí a ser prudente y a cantar solo bajo el manto de la noche.»
El murciélago, con una sabiduría nacida de su experiencia nocturna, replicó: «La prudencia que ejerces ahora, encerrado y limitado, debería haber sido tu guía en la libertad. La cautela es más valiosa antes de la adversidad, no después.»



