La bruja

La Bruja y la Ironía del Destino

En una aldea antigua, conocida por sus creencias y supersticiones, vivía una bruja cuya fama trascendía los límites del lugar. Con sus encantamientos y pócimas, prometía aplacar la ira de los dioses y traer fortuna a quienes buscaban su ayuda. La gente, llevada por el miedo y la esperanza, acudía a ella en multitudes, llenando sus bolsillos de oro.

Sin embargo, la suerte de la bruja cambió cuando fue acusada de herejía y llevada ante un tribunal. Los habitantes del pueblo, aquellos que una vez buscaron su consejo, ahora se volvieron contra ella, exigiendo justicia por sus prácticas consideradas sacrílegas. Los jueces, tras escuchar las acusaciones, la condenaron a muerte.

Mientras la bruja era llevada por las calles hacia su destino final, un observador, que había sido testigo de su ascenso y caída, se acercó y con una voz llena de ironía le dijo: «Tú, que presumías de tener el poder de calmar a los dioses, ¿cómo es que no has logrado persuadir a los hombres?»