La Cierva Tuerta

La Cierva Tuerta

En la orilla de un vasto mar, pastaba una cierva tuerta, cuyo único ojo estaba siempre atento a los peligros que pudieran surgir desde la tierra. Consciente de su vulnerabilidad, siempre pacía con su lado ciego orientado hacia el mar, confiando en la seguridad que le proporcionaban las tranquilas aguas.

Un día, mientras la cierva se deleitaba en la frescura del pasto, una embarcación silenciosamente se acercó por el mar. A bordo, navegantes en busca de presas fáciles la avistaron. Antes de que pudiera darse cuenta, un dardo voló a través del aire y la alcanzó, hiriéndola de muerte.

En sus últimos momentos, la cierva reflexionó con dolorosa ironía: «¡Qué error he cometido! Siempre temí a los cazadores que pudieran venir por la tierra, y descuidé el mar, creyendo que era mi seguro refugio. Y ahora, es de sus aguas tranquilas de donde ha venido mi fin.»

La fábula de la cierva tuerta nos enseña sobre la importancia de no subestimar los peligros y de mantener un equilibrio en nuestra percepción de las amenazas. Nos recuerda que a menudo, los riesgos pueden surgir de donde menos los esperamos y que siempre debemos estar preparados para lo inesperado.