La Víbora y la Culebra de Agua
En el corazón del bosque, un claro albergaba un manantial cristalino, hogar de una culebra de agua. Su reinado en las aguas tranquilas se vio perturbado por las constantes visitas de una víbora, que venía a beber. La víbora, que dominaba las tierras circundantes, ahora invadía también el reino acuático de la culebra.
La tensión creció tanto que las dos decidieron resolver el conflicto con un combate, apostando la soberanía completa del manantial. Las ranas, habitantes del manantial y descontentas con la culebra de agua, se alinearon con la víbora, prometiendo apoyarla en la batalla.
El día del enfrentamiento llegó, y las ranas se congregaron, listas para jugar su papel. El combate fue intenso y feroz, con la víbora y la culebra enfrentándose en una lucha sin cuartel. Mientras, las ranas no cesaban de animar a la víbora con sus voces, aunque sin intervenir físicamente.
Finalmente, la víbora se alzó victoriosa, pero en su triunfo, se volvió hacia las ranas y las reprendió por su falta de ayuda activa en la lucha. Las ranas respondieron con calma: «Pero compañera, nuestra ayuda no está en nuestros brazos, sino en las voces.»
La fábula «La Víbora y la Culebra de Agua» nos enseña que el apoyo moral y el estímulo pueden ser tan importantes como la acción directa en los momentos de conflicto. Nos recuerda que cada ser tiene su manera de contribuir y que el aliento y la motivación son fundamentales en la superación de los desafíos.



