Las Cabras Monteses y el Cabrero
En las laderas de una montaña vivía un cabrero que cuidaba con dedicación a su rebaño. Un día, mientras las cabras pastaban, un grupo de cabras monteses se unió a ellas, atraídas por la frescura del pasto y la compañía del rebaño. El cabrero, viendo la oportunidad de aumentar su rebaño, las llevó a todas juntas a su gruta al caer la noche.
Cuando una fuerte tormenta azotó la montaña, impidiendo que las cabras salieran a pastar, el cabrero se dedicó a cuidarlas en el refugio. Sin embargo, mostró una clara preferencia por las cabras monteses, alimentándolas con abundante forraje mientras que a sus propias cabras les daba apenas un puñado, esperando así ganarse la lealtad de las recién llegadas.
Al finalizar la tormenta, todas las cabras salieron al campo. Pero, para sorpresa del cabrero, las cabras monteses aprovecharon el primer momento para escapar hacia la montaña. Indignado, el cabrero las llamó ingratas por abandonarlo después de haberlas cuidado tan bien. Las cabras monteses, desde la distancia, le respondieron: «Si nos trataste mejor a nosotras, que éramos extrañas, que a tus leales cabras de siempre, ¿cómo podríamos confiar en ti? Si llegaran otras nuevas, seguramente nos abandonarías a nosotras por ellas.»
La fábula «Las Cabras Monteses y el Cabrero» nos enseña sobre la lealtad y la confianza. Resalta que aquellos que cambian fácilmente su afecto y lealtad, favoreciendo a los recién llegados en detrimento de los antiguos compañeros, no son dignos de confianza. También nos recuerda la importancia de valorar y ser leales a aquellos que han estado con nosotros a lo largo del tiempo.



